“Formación e inserción laboral de científicos” en La Tercera

YA HAN pasado más de cinco años de la histórica protesta en la Plaza Bernarda Morín, frente al edificio de Conicyt, en la que la comunidad científica -gatillada por una disminución del presupuesto 2008 para la ciencia- manifestaba su descontento por el peligro que corrían dos de los pilares principales de la actividad científica: el programa de becas de doctorado y el concurso Fondecyt regular para investigadores establecidos.

La solidez de la fundamentación pública que el Consejo de Sociedades Científicas de Chile (CSCCh) hizo sobre la necesidad de recuperar los fondos rebajados, resultó en un Protocolo de Acuerdo que acompañó al despacho del Proyecto de Ley de Presupuestos del sector público para el año 2008. En éste, el gobierno se comprometía a aumentar el citado presupuesto y a acoger la propuesta del CSCCh de mejorar decisivamente los programas de apoyo a la formación de posgrado y los de inserción de graduados en la academia, la industria e institutos tecnológicos del Estado. 

Al poco tiempo, en el mensaje de mayo de 2008, la Presidenta Bachelet anunció la creación del Fondo Bicentenario de Capital Humano: un ambicioso programa de becas a cargo de Conicyt, destinado a la formación de 30 mil especialistas en los próximos 10 años. Lamentablemente, la planificación de este fondo y los cambios en el sistema de becas se hicieron sin la participación de las universidades, algunas con más de 40 años de experiencia en programas de posgrado y en convenios con instituciones del extranjero, y con la escasa participación de los científicos. Los reclamos se centraron, mayormente, en la limitada importancia que se les otorgó a los programas nacionales y en la necesidad de realizar estudios de fondo con el fin de priorizar la entrega de becas en áreas en que los posgrados nacionales fueran deficitarios, en temas de importancia estratégica para el país o en ambos a la vez.

La errada planificación del nuevo sistema, junto con un conjunto de resultados negativos en la formación de recursos humanos, terminaron con la renuncia del director de becas y de la presidenta de Conicyt. Pese a las múltiples recomendaciones de la comunidad científica, hasta hoy persisten algunos errores, lo que ha desanimado a los jóvenes chilenos a seguir una formación científica por la vía de estas becas.

Un panel de cinco científicos de la Academia Nacional de Ciencias de los EE.UU. (solicitado por el propio Ministerio de Educación para evaluar los programas de doctorado y recomendar programas de inserción y retorno) fue enfático en instar al gobierno en que, en primer lugar, debían coordinar con la comunidad científica, las universidades y las empresas cualquier programa diseñado para mejorar los recursos humanos dedicados a la ciencia en Chile.

Para mejorar las condiciones en que el país recibirá a los nuevos doctores se requiere una mayor inversión. Hoy Chile invierte sólo el 0,44% del PIB en ciencia y tecnología, por debajo del promedio de América Latina (0,67%) y muy por debajo de los países más desarrollados. Por otra parte, es fundamental que se genere una institucionalidad científica apropiada, promesa inconclusa desde 2007.

Actualmente Conicyt tiene alrededor de cuatro mil becarios de doctorado y cerca del 60% de ellos está estudiando en el extranjero; sin embargo, aún no hemos logrado diseñar un plan apropiado para insertarlos en el medio nacional.

Hasta el momento se han insertado 173 investigadores en la academia, 53 al sector productivo y el próximo año se espera insertar unos 25 mediante el nuevo programa de apoyo al retorno. A fines de 2014 se estima un total de cerca de 350 investigadores en estos tres programas.

Una de las metas debiese ser el aumento de académicos con doctorado en las universidades, tanto en privadas como en las del Cruch (actualmente el 25% de los académicos de los planteles del Cruch posee el grado de doctor). Por cierto que este número debe aumentar, no sólo en las universidades de este Consejo, sino en todas las del país, especialmente si consideramos que un bajo número de ellas está acreditada en investigación y muchas tienen facultades de ciencias. Tanto este mecanismo como una inversión mayor en ciencia por parte de las empresas, beneficiarían la inserción de los nuevos científicos.

Por otra parte, se sabe que el liderazgo de los investigadores que han recibido su educación especializada en países desarrollados es más importante en la expansión de las industrias domésticas existentes que en el inicio de las mismas. Aún más, se señala que el apoyo e interacciones gubernamentales con las empresas fueron cruciales al proveer una base fértil a los emprendedores nacionales en todos los países estudiados. Esto constituye un reto tanto para el gobierno como para los empresarios. 

Con todo, los problemas no terminan aquí. Para mejorar las condiciones en que el país recibirá a los nuevos doctores se requiere una mayor inversión. Hoy Chile invierte sólo el 0,44% del PIB en ciencia y tecnología, por debajo del promedio de América Latina (0,67%) y muy por debajo de los países más desarrollados (2,7%). Por otra parte, es fundamental que se genere una institucionalidad científica apropiada, promesa inconclusa desde 2007. Insistentemente la comunidad científica (Academia de Ciencias, Más Ciencia para Chile, Asociación de Investigadores en Posgrado, CSCCh) ha hecho ver al actual gobierno la necesidad de un plan de desarrollo asociado a una nueva institucionalidad. Después de un fallido intento de trasladar a Conicyt desde el Ministerio de Educación al de Economía, el Ejecutivo designó a una comisión de expertos para que hiciera recomendaciones respecto de una institucionalidad para la ciencia. Sin embargo, no se ha estimado apropiado aumentar el número de ministerios y se ha informado que la creación de uno para la ciencia tomaría mucho tiempo.

Tampoco hemos tenido éxito en lograr la reposición del Consejo de Conicyt con el fin de que los científicos y otros actores relevantes participen en las tareas de esta Comisión. El gobierno debe confiar en sus científicos e incorporarlos en las instancias de planificación y ejecución de las políticas científicas. Así, el país podrá dar su tan anhelado salto al desarrollo al introducir el conocimiento en la solución de los problemas económicos, sociales y culturales.

Enlace Original: La Tercera

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